Remembranza escolar
Hablar de los recuerdos de la infancia y adolescencia es hablar del transitar en la escuela, donde pasamos gran parte de los días de nuestra vida. Los recreos compartidos con los compañeros que, mayormente eran vecinos y amigos del barrio, eran aliados y complices de las travesuras y jugarretas cotidianas en lo que formaba parte del aprender a socializar.
Uno de los momentos más recordados de mi trayecto escolar es aquel que tiene como protagonista a un preceptor de escuela secundaria.
En la Escuela de Comercio Ramón Gomez Cornet de la ciudad de las Termas de Río Hondo, provincia de Santiago del Estero en el año 2004 fue mi primer contacto con el deseo de vocación docente. En una hora libre que tuvimos con los compañeros que cursabamos el segundo año del polimodal (plan educacional anterior) nos propusimos a salir del grado a pasar el tiempo. Las charlas, risas y gritos, interrumpían las actividades de las aulas en donde los docentes trataban de impartir sus clases, lo cual llevó a que llamara la atención del profesor que cumplía la función de preceptor encargado de ese sector del establecimiento escolar.
El preceptor nos pidió que ingresaramos al aula y que esperaramos hasta que sea el horario del recreo ya qué, el profesor encargado de la siguiente hora estaba demorado debido al largo recorrido que se transitaba para llegar al establecimiento escolar. El adolescente tiende a ser desobediente en muchas ocasiones de las advertencias de los adultos y este caso no fue la excepción, por lo que, todos regresamos al patio central del establecimiento a seguir con nuestra plática.
Ante la falta de acatamiento, el preceptor se acercó a los alumnos y nos pidió que ingresaramos al aula por que él nos iba a enseñar. Este gesto del preceptor me resultó muy peculiar ya que, al no tener conocimiento de cuales son nuestros saberes previos, se dispuso a dar una clase.
El preceptor nos habló como si estuviera charlando con un hijo, sobrino, nieto. Nos explicó que hay cosas que forman parte del caracter de una persona y eso es el tener respecto y el sentido común cuando llevamos a cabo una acción.
Además de una clase sobre valores, nos brindó una capacitación sobre caligrafía. En las escuelas secundarias, la caligrafía es una materia que ha quedado de ladom, sin embargo, el preceptor siendo una persona con bastante instrucción en esta materia, nos propició una excelente clase (a mí entender) sobre los primeros pasos para corregir la letra.
La clase me pareció genial debido a que ningun profesor hasta ese momento se detuvo a enseñarme caligrafía, ni en el nivel primario y tampoco en el secundario.
Considero que, independientemente de la función que se cumpla en la escuela, el docente muestra ser un profesional en todo momento. A pesar de que ya pasaron bastantes años de este recuerdo, lo siento tan vivo, como un recuerdo que marcó un antes y un después en mi convicción educacional superior.

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